DIARIO DE TASMANIA

Brockley state

La baranda de Brokley state

(Introito)

La idea de recibir la herencia de mi madre me animó a emprender el viaje más largo de mi vida. Veintiuna horas de vuelo y ocho horas de espera en las escalas entre los distintos trayectos, desde Madrid, me depositaron en Howard. Pero la realidad que he hallado en Tasmania excede el ámbito de la memoria , incluso de la oración. Aquí nada está sujeto a un recuerdo, todo es nuevo y libre: las plantas, los animales, los trasuntos humanos, la deriva de la tierra. Las plegarias no hacen referencia al pasado que hemos de depurar, porque aquí nada guarda etimologías con los otros continentes, nadie está obligado a las fuentes de las cadenas, al círculo que nos anuda a las repeticiones perniciosas.

En el Sur no se da la oposición entre la luz y el sonido, lo divino y lo humano, ambos van cogidos de las manos, en justa correspondencia. Aquí, a más luz humana más inspiración divina y, por el contrario, a más oscuridad en los lazos con los otros, menor contacto con la lluvia de las constelaciones. Ni el camino positivo, ni la ausencia de la luz se alinean para oponerse. Lo irracional alcanza su cúspide cuando al mismo tiempo la distancia entre el sol y la tierra están más estrechamente cercanos, la apertura hacia el cosmos se halla en su momento más cerrado y sin embargo, por eso ojo de la cerradura de la puerta entornada es por donde entran con más abundancia los ríos del más allá.

(La herencia de mi madre y mis sobrinos)

A partir de los veinte años mis sobrinos comienzan a acercarse a mí. Un acercamiento creciente que, a la muerte de mi madre, se intensifica. Si antes se dirigían a ella para encontrar refugio y consuelo, a su muerte, se vuelven hacia mí. Encuentran un hogar incondicional en mi actitud oyente, hallan serenidad y receptividad. Pero yo recibo de ellos mucho más, recibo dignidad y justicia emocional, solidaridad y reivindicación de unos valores sojuzgados por el discurso sofocador de las histerias. Paras mí son el regalo maravilloso de la vida que se abre paso a través de los caminos de la sangre, esos que me parecían inapropiados para la certeza del contacto entre las almas. Así recibo en herencia el usufructo del entendimiento de mi madre con sus nietos. Sus bienes materiales quedaron encadenados a mi padre, pero su fortuna emocional, riquezas inasibles, no sujetas a notarios, han pasado a mí por el sólo hecho del reconocimiento, porque ellas poseen una magia más delicada, limpia y veloz, que las lecturas y las aceptaciones de los testamentos.

(Chaxi)

 

La más determinada hacia sus propias emociones de mis sobrinos es Chaxi. Su carácter alimenta al mismo tiempo su ambición hacia la vida y su rectitud emotiva. Ni sus pujanzas, ni lazos emocionales entran en contradicción o detrimento de los unos en lo otros. Yo descubrí su valor en los últimos meses de la vida de mi madre, cuando estaba hospitalizada en una unidad de paliativos. Chaxi no dejó ni un solo día de irle a dar la cena a mi madre. Ahora se cumple entre nosotros el sueño de un acercamiento.
En mí, mi ambición por la vida, la afirmación de mi cuerpo y mi logos, mi narcisismo, fueron desatendidos, primeramente, y, después, reprimidos y castrados sistemáticamente por mi madre. No le guardo rencor por ello, porque entiendo que me protegía de las líneas de la memoria de los hábitos licenciosos de mi padre. Pero todo ello me ha creado una oposición parecida a la del Sol y la Navidad en el hemisferio norte, donde la altura de El Sol es también su lejanía con La Tierra, su ausencia distanciada y fría también su conexión con Dios, cenit de la oscuridad y, sin embargo, unión con la divinidad. Los del norte celebramos el nacimiento de Dios entre los hombres cuando la escarcha y la nieve nos obliga a recogernos, sin embargo, en las antípodas la navidad es verano, época de más horas de sol del año y, también, tiempo de la separación máxima entre La Tierra y El Sol, de la mayor apertura entre ambos, rendija, orificio abierto por donde puede entrar una luz más profunda que la del día. Así es mi sobrina Chaxi, un carácter de una pieza. La metáfora que la parece abarcar es la de la navidad en las antípodas del hemisferio sur. Tasmania es su lugar, pero todos los lugares son su lugar porque ella camina como una pastora a la que le siguen los rebaños.

Anuncios