Las Transmisiones de Rafael-José Díaz

LAS TRANSMISIONES de Rafael-José Díaz (Madrid, 2014, Editorial Polibea, colección La espada en el ágata)

 

Del mismo modo que la cualidad humana que se revela en el trato con Rafael-José Díaz es la cordialidad, las gradaciones delicadas de los tonos es lo que se muestra en su escritura. Al leerlo se genera la aparición de un muchacho que sopla a las hojas, haciendo dación de su alma con suave empuje. Transmisión de vida más allá de lo viviente en el cuerpo metafísico, anhelante del contacto con la mirada del lector incierto. Pero este don de nuestro autor, que sabe vivificar las hojas mediante la entrega de su aliento, exige unos trabajos, una discriminación, un compendio de negaciones, pues el rapto al que se somete el que escribe cuando está inmerso en la escritura, mentalmente o sobre el papel, lo obliga a cerrarse a otras vivencias. Si para el artífice el canto es la línea limpia y ascendente de la alondra, para el amante insatisfecho y hastiado “La escritura es, por tanto, el gran desagüe de las rememoraciones desgastadas, de los sueños empobrecidos y de los instantes despojados de cualquier realidad”, estableciendo unas dicotomía entre las experiencias de la escritura y las amatorias. Esa revisión descendente del mito de Orfeo denota, en nuestro autor, una gestión similar al alarido entre el dios que a su través insufla vida en los textos y el hombre normal que se ve obligado a mirar a través de la ventana o a salir por la puerta hacia los otros, una antagonismo entre el canto y la realidad, que es desolación del amante fracasado porque no encuentra en la experiencia amorosa un recurso, un refugio hacia donde acudir como en la escritura, pero que, además, es motivo de un ensanchamiento de los límites del canto, porque el sujeto se ve obligado a asomarse a través de la ventana o a salir por la puerta hacia los otros. “Miro hacia la ventana de enfrente. En ella se ven, como sombras fugaces que huyen de la luz, los cuerpos de quienes se deslizan junto a nuestros cuerpos en la promiscuidad de la piscina”. He aquí el antiguo dilema entre si la escritura es caverna y refugio o confluencia.

La singularidad, virtud tan unida a la isla, también es propia de los pájaros que cantan. Por muy advertidos que se hallen de los peligros del investimiento del canto, por muy adiestrados que se hallen en contabilidades filológicas, fortalecidos en credos estéticos restringidores, la pasión de la entonación los posee haciéndolos sentirse únicos, o lo que es lo mismo, apartados. “Quien ha estado en un lugar posee la arrogancia de una certeza: la certeza de haber estado en un lugar; quien ha estado en un lugar apartado posee, además, la arrogancia de una singularidad: la singularidad de haber estado en un lugar apartado.” Esta pasaje cifra una de las facetas del drama de nuestro autor, que aquí culpa a su don y, su posterior reconocimiento, de caer en arrogancia, causa de una posible falta de plenitud en las confluencias y los encuentros. Este fragmento debe ser tomado como un faro que nos guía en el pensamiento poético de Rafael. Después de esta intervención cuestionadora en el canto, o en el ungimiento del que se piensa acreedor el escribiente, ya sólo es posible volcarse en la realidad, mediar entre las herramientas del oficio y las paradojas de lo real que articula cada instante. Pero todo este tumulto, esta discusión sin cuartel en uno mismo, también es retórica poética, indudablemente estremecedora y verdadera en su dolor y angustia, pero fruto de una mala comunicación entre ambas cuestiones, la pulsión del canto y su autoridad aisladora y la apuesta emocional que nos obliga a la fruición y plenitud del instante. La memoria entonces, cuando corrobora este dilema no resuelto, lo que es lo mismo que certificar una muerte, se vuelve oficio de tinieblas. “Tahodio” es otro réquiem, diferente a la despedida del amigo desde la azotea que da a los grandes árboles del parque de su ciudad. Esta vez es una misa de difuntos panteísta, en la que el autor empatiza con la naturaleza radical del barranco. En sus fugas vertiginosas sintoniza con la depresión sin regreso de otro amigo muerto. Desde este enmarcamiento se permite, incluso, conectar con el inframundo. Aquí se abre a fenómenos de sincronía, se da licencia para con el ocultismo, superando los escrúpulos de una formación racionalista e enciclopédica.

El camino que hacen los pasos al andar enhebra cada uno de las prosas de este libro. Los pasos que no son exclusivos de los pies, porque también lo son del pulso escritural y, a pesar del camino y los pies que se metamorfosean, del propio sujeto y sus anhelos, surgen las transmisiones, floraciones inesperadas, amarilis de melancolía y broma, de juego y verdad. Si hay una transmisión en el substrato de este libro, es el de una canción deseante de amor. A mí me parece oír en él, de fondo y constantemente, la canción titulada “Amarilis” y compuesta por Giulio Caccine (1610) cuando lo leo. Aquí quiero celebrar la intuición poética de Juan José martín Ramos, el editor, que diseño en la portada un jardín de heliconias y esterlicias, en un segundo plano, y una canarina, que yo creo más un amarilis, en primero, haciendo referencia al canto del enamorado, que nos retrotrae a la música más oculta del libro.  El recorrido del paseo junto al mar, en “Arinaga”, es una melodía del pensamiento, donde las digresiones, el humor, la ironía y, por qué no decirlo, el lirismo, convergen en el camino, hacia un final limpio, una cadencia que cierra el pulso reflexivo y satisface a la propia escritura. En “El Pris” podemos leer este fragmento: “Me senté y dejé que, por un rato, mis cabellos ondearan en el viento (¿ por qué tenemos que estar espantados siempre a la cursilería, por qué no hacer o decir a veces la primera cursilería que se nos pase por la mente, a ver, por qué, caros amigos?)”. Y aquí cuestiona la reacción contra la sentimentalidad, revisa el rechazo de la cursilería y las saturaciones emocionales, precepto labrado a fuego en las últimas generaciones, con el que se pretende superar los excesos del Romanticismo, cuando en realidad tan sólo cumple una de sus aspiraciones, mediante la discriminación y posterior serialización de los elementos de un libro, de que cada obra encuentre su propia autonomía y organicidad. Los tonos del relato se irán oscureciendo hacia el final del libro, hasta adquirir una oscuridad insoportable. “Lausana” es un ejemplo de relato negro, puro en su expresionismo descendente y siniestro. “Punta hidalgo” una revisión demoledora de la misericordia, entendida como padecimiento del fracaso y las miserias de las pústulas. En “Lo que no puede decirse”, los quejidos de un viejo, posiblemente víctima de asma o enfisema pulmonar, atraen al andariego, al yo categórico del texto, de igual modo que una sirena ambigua pide ayuda. El caminante ha de descubrir que tan sólo son los quejidos  de un anciano que respira malamente y que su curiosidad viola la intimidad de su caverna con tan sólo mirarlo. Aquí no tiene sentido la alarma ni la solidaridad. El esfumato de sus maneras, la calidad soplada del tono de nuestro autor se vuelve transparente y proclive al feísmo, una dureza demoledora va constriñendo al lector e la intemperie de los cuartos miserables, de las montañas heridas que anhelan huir por el mar (“La montaña de Fasnia”), del pueblo pesquero bendecido por la paradoja de la misericordia que lo corrompe y señala su fracaso, o la boca del barranco que amenaza con tragarse a la urbe ( “Frases de la ciudad arrinconada”), la polis que es la escritura, urbanismo de calles y manzanas, de párrafos y frases. La carta final, la coda del libro, no es trascendental, como la de Rilke al joven poeta, sino real, sujeta a la fruición del instante y aporta un rayo de luz, una vivencia de la sombra ascendente. En este sentido, nuestro autor, al menos en este texto es más proustiano que rilkiano y prefiere escribir saboreando un níspero y departiéndolo, a hacerlo arrodillado, mirando con humillada súplica las grandes preguntas de la humanidad.

La madurez de una prosa ejemplar en la que el autor logra expresar las facetaciones de su personalidad. La valentía del que se desnuda y se muestra, enseñándonos su pensamiento poético pero también sus miserias vitales. El deseo de asumir la totalidad de las experiencias, de reivindicarlas y dignificarlas, honrarlas como materia desde donde surgen la reflexión que ayude en las transmisiones, esas detonaciones salvajes que a pesar nuestros se nos escapan, delatando una aparición que es más preciosa que los tesoros. El fingimiento que juega con las máscaras y nos entrega verdad. Todas ellas son razones que me han hecho feliz leyendo y presentando este libro. Así que os lo recomiendo. Soy un admirador del mismo. Pero os advierto: la prosa que avanza suave y fluida, que nos acaricia como un soplo, esconde oscuridades terribles, círculos infernales. Dulzor y amargura, fluidez donde se agazapan acantilados. Vacío y plenitud son condiciones de la vida y Las transmisiones es una obra que logra conciliarlos.

 

 

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(I)TRES POEMAS DEL LIBRO RELIGARE DE FERMÍN HIGUERA PARA EL HOMENAJE A MARK PENKA THREE POEMS FOR THE TRIBUTE TO MARC PENKA FROM RELIGARE, BY FERMÍN HIGUERA

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Puerta de Medina_Azahara

TRES POEMAS DEL LIBRO RELIGARE DE FERMÍN HIGUERA PARA EL HOMENAJE A MARK PENKA

THREE POEMS FOR THE TRIBUTE TO MARC PENKA FROM RELIGARE, BY FERMÍN HIGUERA

Terry Berne eligió estos tres poemas de El arte de tocar el piano, primer libro del poemario titulado Religare (Ediciones Polibea, Madrid 2011), para homenajear a Mark Penka, su amigo personal y uno de los poetas más destacados de la segunda mitad del S.XX de la poesía norteamericana. Terry cargó con un trabajo desmesurado que consistió en la organizaciónv total del acto y la traducción de los poemas de Eugenio castro, Antonio Santamaría Solís, míos y de Marc Penka al español (si no recuerdo mal, con la ayuda de Antonio Santamaría), además de la publicación de los poemas leídos en el homenaje, ilustrados con dibujos de Marion Thieme. Fue un acto maravilloso, lleno de emoción. La madre de Marc con su pareja viajó desde USA hasta Madrid para leer en inglés los poemas de su hijo que luego Terry leyó en versión española. En en el centro de la mesa puso la pipa de Cheyenne de la paz. Signo resplandeciente del ausente, que al final obsequió a Terry. La publicación que fue regalada a cada uno de los asistente luego llegó a la gran poeta Olvido García Valdés y ella, después, contactó con Marion para pedirle su colaboración en un libro titulado aunque la pena no.

Este poema es el octavo de El arte de tocar el piano  (nº 20 de La Colección los Conjurados, Editorial Polibea). Después de abordar desde un método poético algunos aspectos eminentemente físicos de la técnica pianística (los dedos, la muñeca, el antebrazo y el brazo, el sistema braquial, la correcta forma de sentarse del cuerpo comprometido en el taburete, el buen balance entre los pies, las piernas, la pelvis, la columna y la cabeza) confronta cuestiones puramente metafísicas, de la comunicación y la trascendencia, fines últimos de ese jugar con el piano.

En 1.989, en un viaje a Córdova, Federico Castro Morales, al pasar junto a Medina_Azahara, me contó que uno de los lujos de esa ciudad palatina consistía en albercas de mercurio que reflejaban la luz de las velas durante las noches. Este relato de Federico quedó dormido en mi memoria como una fuente pendiente de su despertar. En 2008 en un viaje a Colombia, mientras trabajaba en los poemas de El arte de tocar el piano, me asaltó su recuerdo. Así alcanzó a ser una de las imágenes que vertebrarían este poema que, al fin y al cabo y en pura coherencia, es también un arabesco, una melodía que se enrolla y desenrolla para cantarse y explicarse así misma. Mercurio, azogue pesado y comunicación alada de los pies en el reflejo de la levedad de las llamas. Hermes debe favorecer la unión entre el cielo y los infiernos, una arquitectura que debe facilitar el paso de esos reflejos del mercurio del patio público a los recintos privados de los amantes. Analogía entre la arquitectura y el arte de la composición musical.

V I I I

Mercurio es la guarida de la levedad
y sin embargo nada respira en su pesadez móvil
sólo escapan de sus mazmorras
el reflejo del roce delicado
en las llamas de las propagaciones
la luz que no aprisiona

Los bandos de las alas
anidan en los pies
y sobre los estanques líquidos
podemos caminar sin temer hundirnos
a salvo de las sombras
que asciendan de las simas

La narración más bella de los susurros
y el amor de los cielos sobre la tierra
tan sólo puede ser iluminado
por el humilde pulso de las velas
ellas obligan a estrechar
la alcoba de los mirlos ensimismados
y el expansivo galope de los arpegios
a confluir las ráfagas antagónicas
de la propagación y la intimidad

La lumbre del pábilo
ha de encender la alberca
para que el dios de los mensajes
en vez de condenarnos en el pantano
inspire singladuras
de lunas y reflejos sobre el azogue
ha de librar el ciervo de luz
que atraviese los muros
y entone el resplandor
en el arrullo

V I I I

Mercury is the domain of lightness
Yet nothing breathes in its mobile weightiness
they only escape from his dungeon
the reflection of the delicate touch
in the glow of the expansion
of light that doesn’t imprison

The band of wings
nest in our feet
and upon the liquid ponds
we can walk without fear of sinking
safe from the shadows
that rise from the abyss

The most beautiful narration in murmurings
and love in the heavens above earth
can only be illuminated
by the humble pulse of the sails
that compel the chamber of the rapt blackbirds
and the arpeggios’ expansive gallop to draw together
the antagonistic gusts
of expansion and intimacy to converge

The wick’s flame
must light the pool
so that the god of messages
instead of condemning us to the marsh
can inspire journeys
of moons and reflections on the mercury’s surface
must free stag of light
who pierces the walls
and intones the splendor
within the moaning

Versión al inglés por TERRY BERNE

IN PUNTA DELGADA AUF SÃO MIGUEL AZOREN (3)

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playa de Ribera Quente en Sam Miguel de Azores

Playa de Benijo. Tenerife

Esta es la última entrega que transcribo en mi blog de la generosa traducción de Juana y Tobías Burghardt publicada en Edition Delta bajo el título de Ich möchte ans Meer gehen.

Sentí en San Miguel de Azores el verano del mar, la época en que las praderas de algas, ya maduras, se desprenden de los lechos y son arrojadas a las orillas. Tenerife y San Miguel son islas diferentes pero comparten una misma corriente marina con fondos similares, las algas y los tipos de peces son iguales. Estas islas son afloraciones distintas de un mismo continente submarino, igualadas por la influencia moderada de La corriente del Golfo de Méjico. Así, el símbolo por excelencia de la identidad y el aislamiento, la isla, es relativizado por un mismo substrato submarino. Son islas distintas pero pertenecen a un mismo útero, a un mismo continente sumergido, son islas hermanas y están hechas para amarse la una a la otra.

V

Cúmulos de algas se pudren en las orillas
de cangrejos rojos y lapas
de rejos de pulpos y fulas añiles
raptando con su olor a mi memoria

la playa en la bahía
suscita en mí
intemperie y recogimiento confrontados
abrazo que me recoge y artesa que me expele

la mar transfigura sus úteros
en pétalos de firmeza sobre las aguas
en caminos sobre los que los pasos
quizá se decidan a pisar

V

Algenhaufen faulen am Ufer
der roten Krebse und Napfschnecken
der Tintenfischstachel und falschen Indigopflanzen
die mit ihrem Geruch meine Erinnerungen entführen

der Strand der Bucht
weckt in mir
gegenübergestellte Witterung und Sammlung
Umarmung die mich aufnimmt und Backtrog der mich ausstößt

die See verwandelt seine Gebärmütter
in Blütenblätter der Beharrlichkeit über dem Wasser
auf den Wegen über welche die Schritte
vielleicht zu laufen beschließen

Aus dem Spanischen von Juana & Tobias Burghardt

IN PUNTA DELGADA AUF SÃO MIGUEL AZOREN (2)

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La emoción que me despertaba Portugal era la de vivir en el presente aspectos de mi niñez en Tenerife. En mi ciudad el adoquinado y los bordes de las aceras eran de basalto. Recuerdo pisar con mis pies de niño sobre ese firme de dureza y negrura espectacular, el traqueteo cuando íbamos en el autobús o el coche. Retiraron el adoquinado y pusieron sucesivamente dos tipos de alquitrán, uno blando y otro duro. Dicen que los adoquines han acabo en ciudades de Holanda.

II

Al fin he vuelto a pisar calles
adoquinadas de basalto
a sentir su dureza y negrura prieta
bajo las plantas de mis pies
piedras irregulares de un firme
con el que dialogaban mis pisadas
ya desaparecidas de la ciudad de mi isla
y que ahora recupero para mis huellas
en San Miguel de Azores

¿Quién ha guardado para mí este reencuentro
que parece argumentar a la propia sangre?

II

Endlich laufe ich wieder auf Straßen
aus Basaltpflaster
und spüre seine Härte und dichte Schwärze
unter meinen Fußsohlen
unregelmäßige Steine einer Festigkeit
mit der sich meine Schritte unterhielten
längst verschwunden aus der Stadt meiner Insel
und die ich jetzt für meine Spuren
auf São Miguel Azoren zurückgewinne

Wer hat für mich dieses Wiedertreffen verwahrt
welches das eigene Blut zu begründen scheint?

Versión al alemán de Juana y Tobías Burghardt

Edition Delta

IN PUNTA DELGADA AUF SÃO MIGUEL AZOREN (1)

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Portada de Ich möchte ans Meer gehenEsta es la portada de Ich möchte ans Meer gehen, pintada por Juana Burghardht.

Estos poemas agrupados bajo el título En Punta Delgada de San Miguel de Azores, forma parte de El templo derramado, el quinto libro de Roto está el cordón de plata (Tenerife 2007, Ediciones Idea), monumento funerario a Asunción Álvarez Bethencourt ( que así se llamaba mi madre), salida y superación del dolor guiada por el encuentro con lo otro y los otros, una afirmación de la alteridad y la vida. Esta sección puede ser entendido como un libro de viajes y, de igual modo que las cuatro secciones restantes, lo considero un libro no cerrado, pendiente de las futuras aportaciones que el destino me regale. De hecho tengo pendiente agregarle unos poemas surgidos en mi reciente viaje a Tasmania.

Uno de los temas recurrentes de mi poesía es mi amor a los árboles, símbolo fundamental de crecimiento interior. En mi isla, Tenerife, pese a no tener mucho más de 2.200 km cuadrados, se albergan alguno de los árboles más notables del planeta. En la ciudad en donde nací, Santa Cruz de Tenerife, hay fantásticas avenidas de laureles de indias, flamboyanes, tuliperos del gabón y jacarandás. En este poema narro mi encuentro con los metrosideros, árbol estrangulador de Australia y de bellísima floración carmesí. Este hallazgo se lo cuento a Ruyman Afonso Higuera, uno de mis sobrinos, con quien me vinculo en este tema de lo árboles.

Isla, cuidad, árboles, identidad, alteridad, madre muerta, hijo sobreviviente, estela futura del sobrino, son los niveles de la analogía múltiple de este poema.

Fermín Higuera

EN PUNTA DELGADA DE SAN MIGUEL DE AZORES

I

que sepas
que la primera persona
que me vino a la cabeza
con quién compartir
la maravilla de descubrir esta isla
fuiste tú
sobrino mío
después pensé en tu abuela
en mi madre
pero comprendí que la vida
es para los vivos
y mi corazón te prefirió

en todo esto ha influido
que he descubierto árboles magníficos de flores rojas
de los que no conozco su nombre
y que vienen a ocupar en Punta Delgada
el protagonismo que tienen en nuestra ciudad
los laureles de india
y que me di cuenta
que nadie mejor que tú
me podía ayudar a conocerlos
y que con nadie mejor que contigo
podía compartir este descubrimiento

por cierto ya he averiguado cual es su nombre
se llaman metrosideros
y son de Australia

I

du sollst wissen
daß der erste Mensch
der mir in den Sinn kam
um das Wunder
dieser Insel zu entdecken
du warst
mein Neffe
danach dachte ich an deine Großmutter
an meine Mutter
doch ich verstand das Leben
ist für die Lebenden
und mein Herz zog dich vor

das alles stand unter dem Einfluß
daß ich prächtige Bäume mit roten Blüten entdeckt habe
deren Namen ich nicht kenne
und die in Punta Delgada
dieselbe Rolle ausüben wie in unserer Stadt
die indischen Lorbeerfeigenbäume
und ich bemerkte
daß niemand außer dir
mir besser helfen konnte sie zu verstehen
und ich mit niemandem außer dir
diese Entdeckung teilen konnte

im Übrigen habe ich schon ihren Namen herausgefunden
sie heißen Eisenhölzer
und stammen aus Australien

Poemas de Ich möchte ans Meer gehen (Yo quiero ir al mar).

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Barrio pescador de San Miguel de Azores

Antología de Fermín Higuera al alemán, publicada por Ediciones Delta

EN PUNTA DELGADA DE SAN MIGUEL DE AZORES

Y los perros abandonados
que son muy perros entre los perros
y Dios nos coja confesados
de ser un gato en medio de ellos
cuando los contemplamos
echados sobre las aceras
al margen de humanos conflictos
uno aquí y otro allá
van completando como esfinges la vigilancia
del éxtasis de la ciudad en la tarde
saben que está en nuestra mano
hacer lo que queramos de sus vidas
sacrificarlos en los mataderos
o condenarlos a la prisión de las perreras
pero saben también
que nos pueden morder
y que esa mordida
marca un límite de las sombras
más precioso aún que los pasos de las máscaras
porque nos da un signo
de fuerza anterior a las palabras

IN PUNTA DELGADA AUF SÃO MIGUEL AZOREN

Und die ausgesetzten Hunde
die hundsgemein unter den Hunden sind
und Gott soll uns mit der Beichte erwischen
eine Katze unter ihnen zu sein
wenn wir sie beobachten
wie sie auf der Straße liegen
abseits der menschlichen Konflikte
einer hier und der andere dort
vervollständigen sie wie Sphinxe die Bewachung
der Ekstase in der Stadt am Nachmittag
sie wissen daß es in unserer Hand liegt
aus ihrem Leben zu machen was wir wollen
sie in den Schlachthöfen zu opfern
oder in Hundezwinger zu verdonnern
aber sie wissen auch
daß sie uns beißen können
und dieser Biß
eine Schattengrenze zieht
die wertvoller ist als die Schritte der Masken
weil es uns ein Zeichen
der Kraft gibt das den Wörtern vorangeht

Versión al alemán por Juana & Tobias Burghardt

DIARIO DE TASMANIA

DIARIO DE TASMANIA

Brockley state

La baranda de Brokley state

(Introito)

La idea de recibir la herencia de mi madre me animó a emprender el viaje más largo de mi vida. Veintiuna horas de vuelo y ocho horas de espera en las escalas entre los distintos trayectos, desde Madrid, me depositaron en Howard. Pero la realidad que he hallado en Tasmania excede el ámbito de la memoria , incluso de la oración. Aquí nada está sujeto a un recuerdo, todo es nuevo y libre: las plantas, los animales, los trasuntos humanos, la deriva de la tierra. Las plegarias no hacen referencia al pasado que hemos de depurar, porque aquí nada guarda etimologías con los otros continentes, nadie está obligado a las fuentes de las cadenas, al círculo que nos anuda a las repeticiones perniciosas.

En el Sur no se da la oposición entre la luz y el sonido, lo divino y lo humano, ambos van cogidos de las manos, en justa correspondencia. Aquí, a más luz humana más inspiración divina y, por el contrario, a más oscuridad en los lazos con los otros, menor contacto con la lluvia de las constelaciones. Ni el camino positivo, ni la ausencia de la luz se alinean para oponerse. Lo irracional alcanza su cúspide cuando al mismo tiempo la distancia entre el sol y la tierra están más estrechamente cercanos, la apertura hacia el cosmos se halla en su momento más cerrado y sin embargo, por eso ojo de la cerradura de la puerta entornada es por donde entran con más abundancia los ríos del más allá.

(La herencia de mi madre y mis sobrinos)

A partir de los veinte años mis sobrinos comienzan a acercarse a mí. Un acercamiento creciente que, a la muerte de mi madre, se intensifica. Si antes se dirigían a ella para encontrar refugio y consuelo, a su muerte, se vuelven hacia mí. Encuentran un hogar incondicional en mi actitud oyente, hallan serenidad y receptividad. Pero yo recibo de ellos mucho más, recibo dignidad y justicia emocional, solidaridad y reivindicación de unos valores sojuzgados por el discurso sofocador de las histerias. Paras mí son el regalo maravilloso de la vida que se abre paso a través de los caminos de la sangre, esos que me parecían inapropiados para la certeza del contacto entre las almas. Así recibo en herencia el usufructo del entendimiento de mi madre con sus nietos. Sus bienes materiales quedaron encadenados a mi padre, pero su fortuna emocional, riquezas inasibles, no sujetas a notarios, han pasado a mí por el sólo hecho del reconocimiento, porque ellas poseen una magia más delicada, limpia y veloz, que las lecturas y las aceptaciones de los testamentos.

(Chaxi)

 

La más determinada hacia sus propias emociones de mis sobrinos es Chaxi. Su carácter alimenta al mismo tiempo su ambición hacia la vida y su rectitud emotiva. Ni sus pujanzas, ni lazos emocionales entran en contradicción o detrimento de los unos en lo otros. Yo descubrí su valor en los últimos meses de la vida de mi madre, cuando estaba hospitalizada en una unidad de paliativos. Chaxi no dejó ni un solo día de irle a dar la cena a mi madre. Ahora se cumple entre nosotros el sueño de un acercamiento.
En mí, mi ambición por la vida, la afirmación de mi cuerpo y mi logos, mi narcisismo, fueron desatendidos, primeramente, y, después, reprimidos y castrados sistemáticamente por mi madre. No le guardo rencor por ello, porque entiendo que me protegía de las líneas de la memoria de los hábitos licenciosos de mi padre. Pero todo ello me ha creado una oposición parecida a la del Sol y la Navidad en el hemisferio norte, donde la altura de El Sol es también su lejanía con La Tierra, su ausencia distanciada y fría también su conexión con Dios, cenit de la oscuridad y, sin embargo, unión con la divinidad. Los del norte celebramos el nacimiento de Dios entre los hombres cuando la escarcha y la nieve nos obliga a recogernos, sin embargo, en las antípodas la navidad es verano, época de más horas de sol del año y, también, tiempo de la separación máxima entre La Tierra y El Sol, de la mayor apertura entre ambos, rendija, orificio abierto por donde puede entrar una luz más profunda que la del día. Así es mi sobrina Chaxi, un carácter de una pieza. La metáfora que la parece abarcar es la de la navidad en las antípodas del hemisferio sur. Tasmania es su lugar, pero todos los lugares son su lugar porque ella camina como una pastora a la que le siguen los rebaños.

“El armario de luces y sombras” de Román Hernández: una apoteosis del testimonio y el encuadramiento.

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El Armario de luces y sombras de Román Hernández: una apoteosis del testimonio y el encuadramiento

Dentro de la tradición escultórica de Canarias podemos distinguir escultores cuyo objeto no sólo es la figura humana sino su trascendencia. Este linaje de autores ha tenido que hacerse acreedor de una técnica capaz de acometer la complejidad y el desafío de la formas, de superarlas en el más allá de la expresión o del querer decir. Luján Pérez (1756-1815), Fernando Estévez (1788-1854), Borges Salas (1901-1994) o, más cercanamente, Manuel Bethencourt (1931), Juan Bordes (1948) y Ana Lilia Martín (1963), entre otros, ilustran, de igual modo que nuestro autor, el fervor escultórico por el cuerpo de la mujer y el hombre, la pasión del creador que busca a través de sus realizaciones esculpidas la palabra certera que habilite una comunicación. Para ellos el continente de la escultura es portador de una emoción o un pensamiento inasibles antes de ser trasladado al rostro o las manos, el torso o el vientre. El escultor confía parte de sus anhelos al cuidado y la nobleza de la ejecución que ha de superarse así misma por alcanzar al otro. Hermosa encrucijada del que asume los trabajos y las cargas de su oficio como camino para el vuelo.

Sólo unas grandes dotes y una gracia, a prueba de desfallecimientos, podrían librarnos de la reflexión a la que nos obligan nuestras expresiones y mapas corporales. Es un objeto demasiado complejo en lo puramente formal y peligroso en lo emocional, porque nos somete al laberinto de los espejos. Es común oponer el crítico al talento realizador del artista. Se suele decir que el crítico es un artista frustrado. Pero la autocrítica (y sus herramientas subalternas)es también un don recibido, una potencia que se nos ha entregado, lo mismo que la facilidad. La autoevaluación, el sometimiento al control crítico (ya sea reflexivo o transitivo), la apertura a lo otro y los otros, incluso la enunciación y el canto autoafirmativo de las poéticas, son formas y estrategias del análisis que puede acudir, en ayuda, como parturientas, del buen fin del alumbramiento. Es difícil hallar un artista que prescinda de la reflexión sobre su propio arte. El caso de Mozart es extraño, parece prescindir de todo tipo de pensamiento sobre su obra, él trasciende directamente, se sitúa en la orilla de los frutos entregados, sin meditar ni el por qué ni el cómo. En otros la meditación sobre la creación permanece implícita, existe pero no se evidencia, una ética del pudor la oculta, Sin embargo, en artistas como Miguel Ángel, el arquetipo del escultor superdotado, el análisis se explicita alcanzando una intensidad igual a las propias esculturas, y nos deja, gracias al mismo, el testimonio estremecedor de sus planteamientos y dudas, al fin y al cabo, de su relación pensante con su obra, de su diálogo consigo mismo ¿Por qué no iba a ser de este modo si su pasión por la escultura le ocupó su vida? A esta estirpe del escultor que se ocupa de la complejidad humana y alumbra al mismo tiempo el discurso sobre su propia obra pertenece Román Hernández (Tenerife, 1963), En él, la forma contiene, además de la forma en sí, su discurso y su reflexión autocrítica, Román se sitúa en la tradición y, actualiza, traslada la materia de sus esculturas al ahora de sus experiencia y testimonio vital. Así supera el peligro de sumarse al discurso de lo ya dicho, de mirar hacia atrás y autocastrarse en el pasado. Si Alberti fue la voz en la sombra, el talento insuficiente, incapaz de crear, el biógrafo indispensable y el teórico clarividente, la confirmación del desligamiento entre el crítico y el artista, Román es el creador que armoniza al uno y al otro. Sus discursos no sólo son poéticas sino penetraciones escrutadoras y, por el contrario, sus inscripciones no sólo líneas, sino voces destacadas, canto y a veces poema, y, por su puesto, sus esculturas cumplen el requisito del escultor, se bastan a sí mismas para resistir el espacio y el cuestionamiento de los otros. En este sentido es un heredero, en parte, de Duchamp, en quien el discurso crítico, su invisibilidad provocadora es elevado al primer plano, pero en detrimento del objeto artístico, en él la obra de arte está herida de muerte para revelar el tejido de discursos que la rodean. En Román, sin embargo, la obra de arte sigue siendo amada y perseguida, pero ha asumido la enseñanza de Duchamp: que el objeto de arte es por sí mismo, pero que también es por sí misma la sintaxis que lo rodea promoviéndolo, incentivándolo, castrándolo, sacralizándolo, humanizándolo. Al fin y al cabo la obra se gesta en el ser de la intimidad de un individuo que halla su ser en la palabra y los otros.

El Mago, en el tarots, tiene sobre su mesa dispuestas las herramientas necesarias para realizar sus alquimias y magias, sabe que es susceptible de mejorarse a sí mismo y ese saber lo salvaguarda de su pulsión manipuladora. La mesa es un encuadramiento en el que expone los elementos con los que cuenta para emprender su acción mágica. En realidad la mesa es una ventana. Mesa y ventana, cuadro y ventana, altar y ventana, libro y ventana, catálogo y ventana, isla y ventana y, ahora, armario y ventana. Todos estos encuadramientos se cumplen a lo largo de su trayectoria, afirman la vocación encuadradora de Román: la hornacina de cristal encierra la escultura. La escultura guarda un botiquín y un costurero, la caja enmarca el discurso sobre las bondades del rostro. En verdad todo enmarca el ámbito de un pensamiento o una emoción. La cabeza acuna la escritura. Las puertas de las alacenas exponen los dibujos de la hija. Sobre el pedestal descansa el cráneo, el compás, la esfera de fluidez, la pluma y la plomada con su cadena respectiva. La mesa expone la llanura y el horizonte de la mirada. El altar yergue las presencias erectas, los gigantes. El armario, como otro gigante, opone sus puertas codiciadas por el deseo de entrar y descubrir, su cierre y apertura, la salvaguarda de los pasadizos interiores y el paraíso del jardín cerrado que al fin se abre y se nos muestra. Pero antes de llegar al Armario de luces y sombras hallamos un caminos de objetos: cántaros y moldes, maquetas libros y atriles, balaustres y cactus, pinceles y encéfalos, tuneras y pomos, pájaros y pergaminos. El pinto y la peana se vuelven diáfanos , se ahuecan para almacenar los atributos de las cabezas que sostienen: un tío fallecido por cáncer de huesos, un homenaje irónico a un movimiento pictórico hispanoamericano, un monumento al baile de la trinidad. El espacio ha de estar flanqueado por Las repisas de la memoria, en ellas ordenados los libros preferidos e incluso los fetiches. Todo ha de conducirnos al Armario de luces y sombras que es la apoteosis de la intimidad expuesta.

El Mago, el manipulador por antonomasia, para su liturgia dispone de la mesa de su taller. En el caso de Román su mesa de operaciones es la de un escultor que también es pintor. En la mesa de Román, junto a las gubias, cinceles, punzones y discos de diamante y widia, además hay pinceles de pintor. Él entronca con la tradición de la imaginería y curiosamente, esta inclinación le abre un camino hacia la escritura y el lirismo, hacia lo abstracto. Si sus policromías al comienzo fueron búsqueda de la verosimilitud y la encarnadura, poco a poco se convierten en testimonio, signo conceptual del autor pensante. Reniega del estofado y el adorno de los vestidos. Las superficies de sus esculturas aparecen entonadas por el afán de decir, así que la policromía, una técnica destinada, en principio, a imitar la carne, la destina a mimetizar en la materia la voz de los textos entregados. A veces, en sus esculturas más severamente abstractas, no hay policromía sino laqueados blancos, superficies inhóspitas. El blanco con su simbología ambigua de luz y fría devastación se apodera de los pequeños objetos y los altares. Pero la policromía no sólo conecta las formas con la palpitación crítica y poética de Román, sino que, por el color y el juego del diseño y la línea, lo devuelve a la alegría. En la exposición Testimonio de una ausencia, en la Galería Palazzo (Palazzo Coveri, Florencia) y el Museo de San Agustín (Génova), de Septiembre a Noviembre del 2010, Román inaugura su ahondamiento en el color y lo alegre. Su sistema de contenciones, el de la forma frente al discurso crítico y viceversa, que le ha servido para templar su perplejidad ante la muerte, y exponerla de modo asimilable, le da un vuelco, y nos sorprende con un estallido de naranjas y azules, verdes y fucsias. Policromía y diseño, carcajada del color y la línea que busca la fijeza celebrante de los motivos textiles, las dentaduras de los puzzles o la descripción de las neuronas. El diseño en el festín de la línea y el primor de sus publicaciones. Sus libros y catálogos, otra fiesta en la que invita a los amigos escritores a caminar junto a su obra. Ventanas de participaciones. Después de este aflojamiento inesperado de la tensión trágica en Florencia, Román regresa a su testimonio anterior, quizás para cerrarlo definitivamente con una apoteosis. ¿Qué otra cosa puede ser el acantilado símbólico del Armario de luces y sombras frente al destino? ¿Será el final de un discurso, el fruto sazonado de una singladura que llega a su fin para renacer de otra forma? ¿Será la superación de una ventana de isla, de la melancolía de la insularidad y del azogue de la identidad? ¿Él que ha alcanzado la utopía de la felicidad en la isla de las maldiciones, junto a su mujer y su hija, en su casa esforzadamente construida como un balcón sobre el mar, su casa que es una párpado sobre la inmensidad del océano, habrá superado la ventana de la isla?

Necesidad de una suma poética. Lo que fue piedra afilada sobre el lecho, resistente a la corriente del río, canto, voz destacada, se convierte en cierre, en liturgia y conjuro del ave que se quema para volver a nacer. En ello creo que reside la intensidad del Armario de Luces y sombras, de este mueble desechado que Román recoge de la calle y recupera. Ese armario tirado también cantaba, también destacaba entre los desechos de una casa de no se sabe quién. Él hubo de rescatarlo y restaurarlo, embellecerlo con policromías ocres y marfileñas, aderezarlo con los conceptos de las frases y sus poemas. El decidió introducirlo con un camino de objetos, franquearlo con las repisas de la memoria y las cabezas de las esfinges que coronan los relicarios para proteger los límites, él hubo de habilitarlo como una mesa vertical de aguas, como una ventana erecta, para recordarnos que se alza igual a un acantilado, a un sagrario que guarda y protege, en sus islas y encuadramientos, nuestros tesoros.

Fermín Higuera

Madrid 26 de Marzo de 2011

No olvides que solo eres real cuando tocas y te tocan

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“No olvides que solo eres real cuando tocas y te tocan” Fermín Higuera

• El poeta y pianista Fermín Higuera presentó su último libro “Religare” en el Conservatorio Profesional Amaniel.

• La aportación original de “Religare” al pensamiento es la idea de la corporalidad de la música que es capaz de tocar las emociones del otro.

Madrid, Noviembre de 2011.- El poeta y pianista Fermín Higuera presentó el pasado 11 de noviembre en el Conservatorio Profesional Amaniel, su último libro “Religare”, una obra que expresa el diálogo del autor entre la música y la poesía.

En la presentación del libro estuvo a cargo de Sol Bordas Vicedirectora del Conservatorio Amaniel, Juan José Martín Ramos Director de la colección de libros “Los Conjurados” y editor del libro, Miguel Losada, prologuista del libro y el escritor Carlos Querol.

“Del milagro musical es realmente de lo que hablan las páginas en este libro” Afirmó Juan José Martín Ramos, editor del libro. Por otra parte Miguel Losada enfatizó en uno de los versos del libro: “No olvides que sólo eres real cuando tocas y te tocan” dice Fermín. Y así, como la mano se desliza sobre el marfil y al tocar invoca los sonidos primigenios, el pensamiento expande su voluntad de creación, toca las cosas y al tocarlas las hace existir, les da vida, concepto y luego las transforma en una multiplicidad de formas que van aún mas allá de la fiera suavidad de las palabras.” Carlos Querol ponderó el valor pedagógico de la obra, destinada, según él, introducir el método poético en la enseñanza del piano: “Los dedos, protagonistas “versales”, personifican al pianista en su conjunto. Éste, modesto para verse reflejado entero en el espejo de las teclas, participa de una sabiduría que no le pertenece nunca, ni siquiera cuando le es dada para transmitirla… “

Luego de la presentación del libro, Fermín Higuera leyó algunos de los poemas del libro acompañado por uno de sus alumnos Pablo Hernández y la poeta Verónica García. Después procedió a tocar un par de piezas de piano y finalizó el acto realizando un bautizo simbólico del libro con agua de rosas.

Al evento asistieron personalidades de la cultura y la poesía como Javier Lostalé, Rafael José Díaz, Angel Rodríguez Abad, Juana Vázquez, Antonio Bueno, José Cereijo, Ana Martín Puig Pelat, Javier Lázaro entre otros. Después del evento los invitados degustaron un vino español cortesía de Bodegas Reina Victoria y disfrutaron de la exposición de dibujos realizados por escultor Román Hernández para el libro Religare.

Fermín Higuera, Santa Cruz de Tenerife 1961

Su primer recital de piano lo dio en el Paraninfo de La Universidad de La Laguna en 1979 y su primer libro de poemas, La carne de las hojas le fue publicado en 1980 por la editorial Benchomo. Este libro tuvo el honor de ser presentado por Pedro García Cabrera y prologado por María Belén Castro. Desde entonces no ha cesado de dedicarse a la música y a la escritura. Ha dado conciertos como solista y de música de cámara, ha compuesto un pequeño catálogo de piezas para piano solo y, también se ha dedicado a la docencia, lleva 25 años enseñando en la red de los conservatorios nacionales. En este ámbito ha publicado ensayos de temas musicológicos y libros de iniciación. La pedagogía para él es el arte de las artes. Como escritor ha dado a la luz una de las obras poéticas más extensas y relevantes de entre los autores que comenzaron a publicar en Tenerife a partir de los años 80.

Voces en la presentación de RELIGARE

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De izquierda a derecha: Fermín Higuera, Carlos Querol, Sol Bordas, Juan José Martín y Miguel Losada

De Las orillas del canto

“Lo que hace Fermín Higuera en este “Religare” es bien distinto. No se trata de que la palabra se haga música, ni la música palabra. Es otra cosa.
Aquí, palabra y pensamiento surgen desde la entraña del propio hecho musical y cuanto lo circunda. ¿Cuál puede ser la relación del canto, su epifanía, con el monótono pase de la rueda que entre los dedos hace girar los días?.
Fermín no nos ofrece el mundo consentido sino que va tentando la oscura claridad de las cosas, buscando reconocerse a sí mismo en el esfuerzo lento de la aprehensión del texto, hasta que éste encuentre su propia plenitud en la consistencia del canto.
Religare. Juntar. Amarrar. Volver a atar o ceñir más estrechamente una cosa. Conjunto de lazos que unen al hombre con la divinidad. Valor último.
“Desposesión del espacio”. “Pensamiento del oído”. Una red de horizontes que lleva al canto a modelar los paisajes del espíritu, los sonidos de la piel.
Tacto. Tacto. Tacto.
Llegar al otro hasta poder sentir el roce de su cuerpo. Y ya no ser. Los dedos al acecho de sonidos tan puros como claros de bosque que no nos pertenecen. El ébano y marfil de los abrazos.
Y hacer sonar la luz más allá de los sueños. Unión con lo que somos. Religare.”

Miguel Losada.